Discusión sobre el Zen

“Tuve una discusión con un gran maestro en Japón… estábamos hablando de las diferentes personas que están traduciendo los libros de Zen en Inglés, y él dijo,
“Eso es una pérdida de tiempo. Si realmente entiendes Zen …
puedes utilizar cualquier libro. Se podría utilizar la Biblia. Se podría utilizar Alicia en el país de las maravillas. Se podría utilizar el diccionario, porque… el sonido de la lluvia no necesita traducción.” –

Alan Watts

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Historia del despertar de Jeff Foster

datelobueno.com

“Esta es la historia del despertar de Jeff Foster contada por él mismo:

Todo comenzó (y debo decir que no es mucho lo que ahora puedo recordar) una fría y lluviosa tarde de otoño en Oxford mientras paseaba. El cielo estaba oscureciendo y yo me arropaba en mi nuevo abrigo cuando, súbitamente y sin advertencia previa, la búsqueda de algo más se esfumó y, con ella, toda separación y toda soledad.

Y con la muerte de la separación, yo era todo lo que había. Yo era el cielo oscuro, el hombre de mediana edad que paseaba con su perro perdiguero y la anciana menuda que caminaba torpemente con sus botas de agua. Yo era los patos, los cisnes, los gansos y el pájaro de aspecto divertido con cresta roja en la frente. Yo era el encanto otoñal de los árboles y el barro que se me pegaba a los zapatos; yo era todo mi cuerpo, los brazos, las piernas, el torso, el rostro, las manos, los pies, el cuello, el pelo y los genitales. Yo era las gotas de lluvia que caían sobre mi cabeza (aunque, hablando con propiedad, no se trataba exactamente de “mi” cabeza, pero como desde luego estaba ahí, considerarla “mi cabeza” era tan adecuado como cualquier otra cosa). Yo era el chapoteo del agua en el suelo, el agua que se acumulaba en los charcos y llenaba el estanque hasta el punto de desbordarlo. Era los árboles empapados de agua, el abrigo empapado de agua, el agua que todo lo empapaba. Yo era todo empapado de agua y hasta el agua empapada de sí misma.

Entonces fue cuando lo que, durante toda mi vida, me había parecido lo más normal y corriente se convirtió súbitamente en algo tan extraordinario que me pregunté si las cosas no habrían sido siempre tan vivas, claras e intensas. Quizás había sido mi búsqueda vital de lo espectacular y de lo extraordinario la que me había llevado a desconectarme de lo absolutamente ordinario y a perder también el contacto, en el mismo movimiento, de lo absolutamente extraordinario.

Y lo absolutamente extraordinario de ese día era que todo estaba empapado de agua y yo no estaba separado de nada; es decir, yo no estaba. Como dijo un viejo maestro zen al escuchar el sonido de la campana, No hay yo ni campana, lo único que existe es el tañido, ese día no había “yo” alguno experimentando esa claridad, sólo había claridad, sólo el despliegue instante tras instante de lo absolutamente obvio.

Tampoco había, en ese momento, forma alguna de saber todo eso, porque no había pensamiento que nombrase nada como “experiencia”. Lo único que había era lo que estaba ocurriendo, sin forma alguna de conocerlo. Las palabras llegaron luego.

Y también había la sensación omnipresente de que todo estaba bien, de que todo estaba impregnado de una sensación de paz y de ecuanimidad, como si todo fuesen versiones diferentes de esa paz, aparte de la cual nada existía. Yo era la paz, y también lo eran el pato que sobrevolaba la escena y la anciana renqueante; la paz lo saturaba todo, todo estaba lleno de esa paz, de esa gracia y de esa presencia incondicional y libre, de ese amor desbordante que parecía ser la esencia del mundo, la razón misma del mundo, el alfa y el omega de todo. A esa paz parecían apuntar las palabras “Dios”, “Tao” y “Buda”. Esa era la experiencia a la que, en última instancia, parecen apuntar todas las religiones. Ésa parecía la esencia misma de la fe, la muerte del yo, la muerte del “pequeño yo”, con sus mezquinos deseos, quejas y planes, la muerte de todo lo que aleja al individuo de Dios, la muerte incluso de la misma idea de Dios (no en vano los budistas dicen: ¡Si ves al Buda, mátale!) y la zambullida en la Nada que se revela como Dios más allá de Dios, la Nada que constituye la esencia de todas las cosas, la Nada que da origen a todas las formas, la Nada que es el mundo con todo su sufrimiento y maravilla, la Nada que es la Plenitud total.

Pero esa supuesta “experiencia religiosa” no es ningún tipo de experiencia, porque en ella el “yo” que experimenta ha desaparecido. No, eso es algo previo y que se encuentra más allá de toda experiencia. Es el fundamento de toda experiencia, el sustrato mismo de la existencia que nadie podría experimentar por más que el mundo durase mil millones de años más.

Fue un paseo otoñal y húmedo en un día muy normal y corriente. Pero en esa misma normalidad se reveló lo extraordinario, resplandeciendo tan intensamente en la humedad, la oscuridad y el barro del suelo que el yo se disolvió, desapareció y se convirtió en Ello.

Y aunque esta descripción suene como si hubiera ocurrido algo muy especial, ese día, bajo la lluvia, no pasó absolutamente nada. Sólo fue un paseo normal y corriente un día de lo más normal y de lo más corriente.

Atravesé la gran puerta de hierro, crucé la calzada y me uní a otras personas para esperar, bajo la marquesina de la parada, la llegada del autobús.

Nada había cambiado, pero todo era diferente. Había atisbado algo, algo muy profundo y extraordinario que, a pesar de ello, era completamente normal y corriente. No había nada sorprendente en el hecho de que lo más ordinario se revelase como el significado único de la vida y de que quien hasta entonces había creído ser se revelase como un mero relato.

No había nada sorprendente en el hecho de que lo divino se revelase en lo absolutamente obvio y de que Dios fuese uno con el mundo y estuviera presente en todas y cada una de las cosas.

Subí al autobús y, cuando la lluvia arreció contra sus sucios cristales, sonreí. ¡Qué auténtico regalo estar vivo, ahora, en este instante, en este cuerpo y en este lugar concretos, aunque todo sea un sueño, aunque todo sea impermanente y aunque, por más que busquemos, no encontremos sino vacuidad!”

♥ http://datelobueno.com/historia-del-despertar-de-jeff-foster/

Porqué plantar un árbol

Que hermosos son los árboles! Siempre estoy mirándolos, admirándolos, me encantan!
La naturaleza sana, un árbol nos recuerda nuestro ADN… gracias porque tus raíces me muestran donde nutrirme, me ayudan a ser más firme y a conectar con la madre tierra….
gracias porque tu tronco me recuerda a caminar erguida con la frente alta, dejando que la savia de las experiencias circulen por mi, sabiendo que cada pedacito de corteza son pedacitos de experiencias adquiridas, cicatrices, vivencias, marcas que me identifican……….. gracias porque tus ramas me recuerdan aprender de la diversidad, amar lo distinto, saber que existen muchos caminos por recorrer, muchas opciones, mucha variedad que enriquece, también que puedo contener y cohabitar permitiendo se acerquen aves y expandirme a volar………🌿
gracias porque tus hojas y tu copa me recuerdan florecer, reverdecer, brillar y vibrar cada día sintiéndome viva, feliz acariciada por el viento y la lluvia, agradecida por vivir en un hermoso planeta azul.

                                                            💖💫🌳🌱🌼🌺🍀🌴🍃🌵🌾

Feliz semana amigos del alma!
Aién

En un lugar de mi mente Niño interior

“En un lugar de mi mente,
donde no puedo acordarme,
habita un niño con sueños,
con el que quiero reencontrarme.

Él quería experimentar nuevas sensaciones,
conocer gente con diferentes religiones,
escuchar y aprender de cada persona,
lo bueno claro, pues todos tenemos algo.

¿Ese niño con sueños sigue en mí?
Me pregunto desde hace tiempo,
le necesito para ser feliz,
Él me daba fuerzas para seguir.

Mil viajes había soñado,
el mundo estaba en sus manos,
y ahora que he crecido,
el niño ha desaparecido.

Sé que está en mí,
tan sólo tiene que despertar,
y enseñarme tantas cosas,
de la vida, su verdad 

 Él se arriesgaba y viaja solo,
soñaba y soñaba, y en su nube habitaba,
tal vez pocos le comprendían,
pero él era feliz, pasando así su vida.

Se alimentaba de sueños e imaginación,
era capaz de escuchar a su corazón,
con fe, ilusión y esperanza,
crecía y alimentaba su alma.

Una vez que crecemos, le dejamos de lado,
Él que tanto nos ha ayudado y enseñado,
que siempre ha estado,
cuando lo hemos necesitado,
y casi siempre sin ser llamado.

Él da la chispa que nos falta en la vida,
la rutina es nuestra compañía,
ni siquiera es amiga.
Y él tenía por amigo,
al mejor que se puede pedir,
al menos para intentar ser feliz.

Su amiga era la confianza y la imaginación,
en que puede mejorar la situación,
la fe y la ilusión, buena compañía son,
para ver cumplir sus sueños,
o intentarlo de corazón.

No perdáis a ese niño,
que está en todos nosotros,
está en él, en ti y en mí,
te deseo que seas feliz.”

Nunc

 

https://nuncfluirlanada.jimdo.com/articulo30/

Un mundo de locos

“Había un mundo donde todos sus habitantes estaban locos. Un día, uno de esos locos que vivía como ellos, se preguntó qué hacía él allí, entre tantos locos. Él no era de allí, quería irse. Se sentía raro, no era como los demás. Uno de aquellos locos le preguntó qué le pasaba, y el hombre le contestó:

-Yo no soy de aquí, yo no pertenezco a este planeta, a este lugar.

-este está loco -pensó el loco de aquel hombre -¿cómo que no eres de aquí, si aquí estás?

Gran dilema tenía aquel hombre, ¿Cómo explicar a un loco, que está loco? ¿Cómo explicar a los locos, que él no lo está? El hombre lo intentó, y habló con cuantos locos se le acercaron con curiosidad.

-Está loco – comentaban entre los locos a escondidas del hombre.

 Un día llegó otra persona, uno que hasta no hace mucho había estado loco, pero que ya se le había pasado la locura, y acercándose al hombre le dijo:

-Hola, tienes razón, estos están locos. Me acabo de dar cuenta.

-Que bien -dijo el hombre-, ya no estoy solo.

Pasó el tiempo, y algunos locos fueron dejando de estar locos, y se juntaron todos en un grupo al que denominaron, aquellos que ya no están locos. Así que los habitantes de ese planeta estaban divididos en dos grupos, los locos y los que ya no estaban locos.

Los locos seguían viviendo con su locura, y los que ya no estaban locos, se apartaban de los locos para que estos no les contagiaran la locura. Se creían mejores que los locos, y no querían juntarse con ellos.

Muchos de los que ya no estaban locos, querían convencer a los locos de su propia locura, para que así dejaran de estar locos y todos estuvieran cuerdos.
Pasado el tiempo, el hombre que formaba parte del grupo de los que ya no estaban locos, se dijo:

-¿Qué está pasando? Aún estoy loco -no entendía lo que le pasaba. 

Él descubrió que la gente estaba loca, y que él ya no, pero ahora de nuevo había descubierto que estaba loco, ya que aquellos que creían que ya no estaban locos, aun lo estaban, aunque al igual que los locos no lo sabían.

Así que volvió de nuevo con los locos. Vivía como los locos, pero había vivido como los que en teoría ya no estaban locos, así que eso le permitía vivir sin locura.

Pero a aquel hombre que había vuelto con los locos, los que creían que ya no estaban locos le criticaban y decían que volvía a estar loco.

Algunos pocos de los que creían que ya no estaban locos decidieron vivir sin intentar convencer a los locos de su propia locura, ya que entendieron que ellos no podrían convencer a un loco de su propia locura, que eso era cosa de ellos. Era como querer que un sordo escuchase o un mudo hablase.

Así que aquel hombre y unos cuantos más, vivían entre aquellos locos y aquellos que creían que ya no estaban locos pero que aun se separaban de los demás, sin aceptar a nadie y creyéndose mejores. Aquel hombre y esas pocas personas más, que un día habían estado locos y que se habían dado cuenta de su locura, ahora ya no se separaban de nadie, tan sólo vivían con su cordura en un mundo de locos.

            Todo aquel que sea consciente que estaba loco (dormido en la inconsciencia), si se separa de los demás, juzga o se cataloga como diferente, se está separando y aun seguirá estando loco en otro tipo de inconsciencia. Aquel que está cuerdo de verdad, es aquel que puede vivir en un mundo de locos sin necesitar y sin intentar que nadie despierte de la inconsciencia. Es aquel que vive con plena aceptación de lo que es, y aquel que ya no desea nada del mundo de los locos ni nada del mundo de los que se consideran que ya no están locos. Aquel que ya no juzga ni a unos ni a otros. Aquel que vive en concordancia a la cordura, comprendiendo que aquellos locos son presa de la locura. El auténticamente cuerdo, es aquel que permanece sin sufrimiento, que vive y permanece en PAZ.

locura = inconsciencia = sufrimiento

Cordura = consciencia = Aceptación = tranquilidad = Uno mismo “

Nunc

Ay Amor

¡Ay Amor!

“Ay Amor, al fin has llegado,
cuanto tiempo, te he esperado.
Nunca creía, que llegaría el día,
en que formaras parte de mi vida.
Ay Amor, Amor, Amor,
al fin estás a mi lado,
no sabes cuanto te he añorado,
y cuantas veces con este momento,
he soñado.

Ay Amor, Amor de verdad,
quiero que estés siempre cerca de mí,
pues puedo aprender mucho de ti,
y me ayudas a ser feliz.
Ay Amor, nunca te vayas de aquí,
te necesito para mi vida seguir,
si no todo, carecería de sentido,
sabes que eres, mi amigo preferido.

Ay Amor, por qué te vas y vienes,
a tu antojo siempre, haces lo que quieres,
a veces me haces sufrir,
aunque no tiene precio lo que me haces sentir,
quiero siempre, estar junto a ti,
pues me haces, realmente feliz.

Ay Amor, cuantas sensaciones me haces sentir,
a mi corazón, le haces siempre latir.
late con fuerza y energía,
tú eres lo que él necesita.

Ay Amor, Amor de mi vida,
gracias por los buenos momentos,
porque desde luego no tienen precio,
y por los malos también,
pues de ellos, se puede aprender.

Ay Amor, ay corazón,
tantas sensaciones he experimentado,
tan sólo deseo que nunca,
te vayas de mi lado,
y que aunque de mi te alejes,
espero que nunca me hayas olvidado.

Ay Amor, puro y bello Amor,
venido del mismo cielo,
que sacas lo mejor que tengo dentro,
a donde nadie puede llegar,
a lo más profundo de mi ser,
con tu dulce sonrisa,
lo haces florecer.
Sacas lo mejor de mí,
me haces mejor persona,
ay Amor, Amor, Amor,
si te he fallado alguna vez, perdona.

Ay Amor, coge mi mano,
y soldemos esta unión,
nunca soltarnos debemos,
lo digo de corazón.
Siempre agarrados, sin nunca soltarnos,
cabalgar por la vida, y compartir alegrías,
tristezas y todos los miedos,
compartir todo contigo quiero.
Contigo no hay dolor ni sufrimiento,
ni tristezas ni tampoco miedos,
es maravilloso estar contigo,
nada más deseo,
pues contigo estoy completo.

Ay Amor, Amor del bueno,
el que es totalmente sincero,
ese Amor que es puro y eterno,
sin duda, para mí lo quiero,
pues es lo que de verdad deseo.”

ESTE POEMA REPRESENTA LA BIENVENIDA AL AMOR, A LA CONSCIENCIA DE LO QUE SOMOS EN REALIDAD.
NO ESTÁ DIRIGIDO A NINGUNA PERSONA, SINO AL AMOR EN SU INEXPLICABLE Y MAYOR EXPRESIÓN.
ESTE FUE EL INICIO PARA LLEGAR A SENTIRLO Y LO QUE POSTERIORMENTE VENDRÍA.
Nunc

Gracias Nunc! https://nuncfluirlanada.jimdo.com/articulos/